8 de enero de 2010

EL ESPECTÁCULO DE AVATAR



Avatar es un entretenimiento , una diversión es lo más parecido a una atracción del Parque de Atracciones. El cine comenzó en una barraca de feria y esta película cumple con todos los requisitos del mejor puesto de la feria. Su atracción no es la mujer barbuda, ni los enanos son la encarnación de un dios: un avatar.

Sentado en mi butaca he recorrido las selvas del planeta Pandora, he volado encima de uno de sus grandiosos pájaros y he peleado por la libertad de un pueblo hermanado con la naturaleza para al final derrotar a los invasores con arcos y flechas. He participado en un sueño.

Un trabajo de realización exquisito, con todo tipo de encuadres y movimientos de cámara, con el que Cameron me ha permitido salir de mi butaca. Quiero destacar los planos detalles de los ojos, casi microscópicos que me centraban sin excusas en la mente del personaje principal y los grandes planos generales que me han llevado por los aires a Pandora.


La ceremonia que tenía lugar en la pantalla: un soldado inválido que, en sueños, se traslada a Pandora; era la misma de la que yo participaba en el cine: un espectador, atado a su butaca, que se pone las gafas para ser transportado a una realidad onírica, llena de aventuras.


En definitiva,
Avatar es cine, eso que no se puede bajar de internet, esa experiencia que solo se tiene en una sala oscura delante de una pantalla.

Ya sé que no he hablado mal del guión, ni he dicho que se parece a Bailando con lobos, ni que es un poco larga. Hoy toca decir que he disfrutado de mi viaje personal a Pandora.

1 comentario:

  1. No se quien eres. Acabo de entrar en tu blog a través del del periodista Ramón Lobo al que hoy entro también por primera vez. Y dicho esto, me ha encantado lo que has sentido viendo Avatar pues yo fui a verla ayer, sola, a las 4 de la tarde y tuve exactamente la misma sensación. Me emocionó, lloré y no sabía muy bien por qué. Me gustó muchísimo la historia y el hábitat de los humanoides y el viaje iniciático del protagonista y su progresiva transformación. Al salir a la calle estaba tremendamente lábil y emocionada y me fui a casa andando pensando en la película hasta que me di cuenta de que lo que me había ocurrido es que yo también salí de la butaca y entré en Pandora. Yo era la protagonista. No he tenido la suerte de viajar en esta vida y ayer fue como si hubiera hecho un viaje astral, me hubiera liberado de mi cuerpo físico, de Madrid, de los problemas laborales, familiares, en definitiva, de todo lo cotidiano que nos atrapa. Tengo 52 años y dudo que haya disfrutado menos que cualquier adolescente o jove. Me encanta saber de alguien que ha tenido emociones parecidas.
    Gracias. Paloma.

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