4 de enero de 2026

El director fue un padre ausente

Hay dos tipos de salas de cine: las para todos los públicos y las de públicos especiales. Las primeras, las de todos los públicos son las que programan películas muy taquilleras y suelen tener detrás una mayor americana; las segundas, las especiales buscan un público concreto, programan cine subtitulado y suelen tener detrás a una empresa europea. La que visité hoy es una sala especial y estaba casi llena. Proyectaban la película Valor sentimental  de Joachim Trier. La historia narra el reencuentro de un padre ausente con sus dos hijas, después de que abandonare el hogar cuando ellas eran niñas.

Me ha gustado.

  • Algún efecto de transición temporal. Unos encadenados sobre el mismo plano y con el mismo encuadre en los que varía la luz y algún elemento del decorado.
  • Las referencias al mundo del cine. La trama gira en torno a director de cine aclamado y sus dos hijas distanciadas.

No me ha gustado.

  • Los fundidos a negro. Si sumamos todos, suponen unos dos minutos de película. Opino que rompen el ritmo de la narración y me distancian de lo que se cuenta.
  • Algunos efectos visuales que desnaturalizan y distancian de la historia, como los encadenados citados anteriormente.
  • El continuo temblor de la cámara; una inestabilidad buscada que a mí me cansa mucho. Pero al director de fotografía le encanta: 
"Usamos más la cámara en mano en esta película, especialmente para las escenas contemporáneas, pero nunca fue nada frenético ni alocado debido a la naturaleza de los momentos emotivos. Me enamoré del Butt Dolly, básicamente un taburete con ruedas que me permitía girar, deslizarme, empujarme o arrastrarme, y me ayudó a eliminar cualquier aspereza del movimiento.

Mi instinto al rodar cámara en mano siempre me lleva a centrarme en los actores y responder a sus interpretaciones con pequeños ajustes en el encuadre, intentando ver los rostros desde ángulos ligeramente alterados o acercándome imperceptiblemente. Sentir esa conexión emocional es una alegría para mí. Kasper Tuxen, Fotografía.


En definitiva, otra historia de un padre que abdica de ser padre y quiere recuperar el tiempo perdido cuando ya es mayor, así como las repercusiones que tuvo el abandono del hogar en la construcción de la personalidad de sus hijas.

Los cierres con final feliz, los cierres abiertos. La teoría que habría que desarrollar en algún momento: hay películas que retratan a la familia como un punto de llegada y de reencuentro positivo, y otras en las que la descomposición de la familia revela problemas psíquicos personales que requieren soluciones terapéuticas. Si Freud levantara la cabeza, algún cine europeo estaría siempre en su diván. Me acuerdo de las películas de Segura y sus familias desordenadas, donde los conflictos familiares siempre encuentran soluciones catárticas. La taquilla también se acuerda de ellas.

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