19 de octubre de 2026

Te quieren en la plataforma el mayor tiempo posible.

Las grandes empresas tecnológicas que llenan la red con contenidos de otros, buscan dirigir cómo navegamos por internet. Una forma de control es que siempre utilices su plataforma para moverte por el contenido online. Para que estés enganchado a su propuesta utilizan todo tipo de estrategias, entre ellas la manipulación psicológica de sus usuarios. 

Esta forma de gestión les resulta muy rentable porque venden los datos de sus usuarios a las empresas de publicidad. Además, dicho control puede influir en las elecciones democráticas, ayudando a ciertos partidos políticos. 

Estas compañías huyen, como de la pólvora, del control público. Y no asumen las responsabilidades éticas que deberían tener, de igual forma que cualquier medio de comunicación, hacia su público.

Éramos pocos en la sala (31.267 espectadores la primera semana ) los que intentábamos comprender estas reflexiones propuestas por la película El precio de la red. Recaudación del primer fin de semana. El film está escrito y dirigido por Aaron Sorkin. La historia cuenta como un periodista y una ingeniera de Facebook descubren al gran público la estrategia que la compañía emplea para mantener a más usuarios enganchados a su plataforma. Entre esas tácticas figura el algoritmo que premia los datos y los comentarios de odio.

Me ha gustado:
  • El montaje paralelo entre la secuencia del asalto al Capitolio de Estados Unidos y el seguimiento en pantalla del consejero delegado de Facebook, que aporta un aire de veracidad a todo lo que cuenta la película.
  • En el guion: 
    • Los diálogos, como siempre de este autor, rápidos, vigorosos y con sentido.
    • El camuflaje de la protagonista para entrevistarse con el periodista: vestirse de forma seductora para acceder a un hotel de lujo y pasar desapercibida. Me recuerda a los cotilleos del recepcionista de un gran hotel de Madrid, que me hablaba del tipo de trabajos oscuros que se desarrollaban en estos establecimientos. 
    • El desenlace, optimista, de camaradería entre la ingeniera y el periodista supone un pequeño triunfo de la dignidad frente a la impunidad de las grandes empresas. Una forma de contar, la de Aaron Sorkin, que ya quedó patente en otras obras suyas como The Newsroom, Studio 60 o Algunos hombres buenos.
Los diálogos de Aaron Sorkin están bien construidos y siempre tienen un componente social. 
Confieso que muchas veces me pasa desapercibido su sentido crítico enfangado en sus rápidas réplicas de plano contraplano. Pero cuando comprendo el trasfondo de alguna de sus frases, lo que se dice entre líneas me siento importante y me creo un intelectual cualquiera.
Cuando abrimos una red social se nos olvida todo lo que hay detrás de las pantallas. Siempre viene bien conocer un poco como está engrasada la maquinaria interna de las grandes corporaciones digitales.

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