7 de febrero de 2026

El dolor de hijo que se va, imágenes y palabras para contarlo.


Éramos unos cuantos en la sala; mejor dicho, unas cuantas, porque el público era mayoritariamente femenino. La película que proyectaban era Hamnet. El film es un drama histórico de 2025 dirigido por Chloé Zhao y coescrito junto a Maggie O'Farrell, basado en la novela homónima de 2020 de la propia O'Farrell
Narra la historia de una familia —supuestamente la de William Shakespeare— que vive un pequeño pueblo y es feliz en el campo. Cuando el padre viaja a la ciudad para mejorar su situación económica y social, ocurre un episodio dramático que marca el devenir de todos y provoca un distanciamiento entre los progenitores. A este dramatismo se le cubre con la personalidad del autor de Hamlet y con los versos de la obra teatral.

Me gustó:
  • La composición visual. Los encuadres: siempre al servicio de la historia en cuanto a su contenido.
  • Las texturas: De la naturaleza indómita del bosque.
  • La perspectiva: Busca construir una tercera dimensión en todos los encuadres de interiores, con líneas que se abren y se proyectan hasta un infinito exterior al cuadro.
  • Los reencuadres: Construidos en el interior del mismo plano utilizando puertas y ventanas como marcos dentro del marco.
  • Los puntos de vista desde lo alto del techo, planos generales desde un rincón de la habitación para situarnos una escena.
  • La iluminación: Tiene su base conceptual en la pintura clásica, configurando campos de luces que acentúan la profundidad de las estancias y resaltan las situaciones dramáticas.
    • Los claroscuros: Borran toda línea marcada por la luz de las velas y convierten la transición entre luz y sombra en un clásico y estético dramático degradado. Donde más significado cobran estas luces difusas es en los primeros planos de los personajes. 
    • ​Łukasz Żal fue contratado para dirigir la fotografía de esta producción.
    • El color: El rojo granate que luce el vestido de la protagonista en toda la película varía levemente su intensidad de acuerdo a las emociones que transmite la secuencia, contrastando con el verde del bosque que enmarca su presencia.

La música: Subraya las pasiones y suma puntos a la construcción de este melodrama.
Personalmente, creo que en el cine suele haber demasiada música. Yo busco esos momentos específicos en los que la música puede aportar algo que las palabras no pueden. Hay experiencias humanas —la pérdida, la muerte, el duelo— para las que no tenemos lenguaje. Ahí es donde la música puede entrar con verdad. En otros momentos, lo más honesto es callar. Dice Max Richter  el compositor de la banda sonora original de la película Hamnet.
No me gusto:
  • El actor seleccionado para el casting como niño, es muy poco natural, parece un querubín, no hay evolución en su interpretación en el arco narrativo.

La construcción formal es de una concepción estética clásica: composiciones equilibradas, luces difusas y dirigidas con sentido narrativo, y una música que funciona como sustento emocional. Esta estética consiente que la estructura romántica y clásica del relato conformen una unidad que acoge al espectador y le permite, como dicen algunos, inundar sus ojos de lágrimas.
Personalmente salí de la proyección sin llorar, las lágrimas parecen ser la tónica de muchos de los espectadores que han visto la película; es cierto que, en algún instante, mis ojos se humedecieron un poquito. La historia de una familia ejemplar —padre, madre e hijos compartiendo momentos de gran ternura que se truncan con la aparición de una enfermedad y hallan redención a través de la obra teatral de William Shakespeare— resulta original. Cabe añadir que no he leído la novela en la que se basa el argumento.